Orígenes y propósitos

La Danza Oriental se remonta al antiguo Egipto, donde grupos de mujeres se reunían para rendir culto a la Diosa, madre de todo, y festejaban su don más preciado: la fertilidad. Eran movimientos rítmicos y poderosos, que conectaban a la mujer directamente con su gran fuente de energía interior. Estos movimientos se centraban básicamente en la pelvis y zona abdominal, por lo que fortalecían enormemente los músculos involucrados en el parto. Además, con estas danzas rítmicas e intensas, aprendían a controlar la respiración, y el momento de dar a luz se volvía más consciente y placentero.

Hoy en día, la Danza Oriental ha evolucionado en sus movimientos, y se han incluido fusiones de otras disciplinas, como la danza clásica, flamenco o danzas polinesias, con el consecuente beneficio añadido a la práctica de este arte milenario.

 

Los beneficios de la Danza oriental son numerosos, tanto físicos, como psíquicos. Intentaremos desgranarlos paso a paso, para que conozcáis en profundidad sus múltiples cualidades.

 

Beneficios físicos.

En la Danza Oriental se trabajan prácticamente todos los músculos del cuerpo. En una buena rutina, se comienza con el calentamiento de cuello, hombros, torso, caderas, rodillas, tobillos, abdomen… Y se finaliza con estiramientos, sobre todo de piernas (cuádriceps, gemelos, ingles…), espalda y relajación muscular.

Es un ejercicio estupendo para mejorar la capacidad cardiopulmonar, la coordinación, la flexibilidad y la fuerza de todo el cuerpo.

Se trabajan los músculos de forma aislada, disociando el torso de la cadera, y se hace principal hincapié en la pelvis, abdomen, brazos y pecho.

Mejora enormemente la postura corporal, ya que se enseña la posición correcta y natural del cuerpo, para hallar nuestro propio punto de equilibrio.

Alivia dolores musculares, como los de espalda, y las dolencias óseas, como artritis o artrosis.

Tonifica brazos y piernas; la piel se vuelve más flexible y elástica.

Alivia en gran medida los dolores menstruales, ya que se trabaja en profundidad el suelo pélvico y se masajea el útero. La vagina se vuelve más fuerte, aumentando así, además, el placer en las relaciones sexuales. Nos volvemos más conscientes de nuestra propia feminidad.

 

Menopausia y embarazo.

Durante la menopausia, el metabolismo de la mujer cambia. Nos volvemos más frágiles, perdemos masa ósea y acumulamos más grasa en la zona abdominal. Además, están los sofocos, la pérdidas de orina y demás molestias añadidas. La práctica de esta danza mejora enormemente todos estos síntomas, además de fortalecer huesos y músculos y mejorar la autoestima personal.

Las mujeres embarazadas obtienen el beneficio añadido de controlar tanto los músculos utilizados en el parto, como la respiración y además fortalecer el suelo pélvico. Tras el parto, la recuperación es mucho más rápida, y evitamos que los músculos queden distendidos y sin fuerza. No olvidemos que la posición natural del parto en la mujer es de pie. Antiguamente, las mujeres daban a luz al son de la música, mientras balanceaban la pelvis, para así favorecer el descenso del bebé por el canal del parto.

 

Beneficios psíquicos.

La Danza Oriental aumenta enormemente la autoestima de quien la practica. Aprendemos a ser conscientes de nuestro propio cuerpo y nos aceptamos tal y como somos. Durante su práctica, se segregan endorfinas beneficiosas para aumentar nuestro grado de bienestar. Se genera una energía especial durante las rutinas, que nos hace estar más felices y a gusto con nosotras mismas.

Es beneficiosa para aliviar algunos trastornos de origen psicológico, como el stress, ansiedad, insomnio… Desbloquea nuestra parte emocional, nos llena de buena energía y nos permite afrontar la vida con optimismo.

 

Más felices, más bellas.

La conjunción de beneficios físicos y mentales de la Danza Oriental, hace que nuestro cuerpo mejore; estamos en forma, nos sentimos más seguras, y nos vemos más guapas. Y no sólo por que aprendemos a querernos, si no por los cambios físicos que experimentamos: la piel se vuelve más luminosa y tersa, el abdomen se tonifica, la cintura se define, la piernas se fortalecen, los glúteos suben, los pectorales se reafirman… y desaparecen pequeñas molestias físicas (dolores de espalda, menstruaciones irregulares, pérdidas de orina…).

Nos ayuda a conocer nuestro cuerpo, haciéndonos más conscientes de los cambios que experimentamos.

Además, el hecho de estar con más mujeres nos hace más conscientes de que todas somos únicas y diferentes. Olvidemos los estereotipos y cánones de belleza impuestos, y veámonos como realmente somos: bellas por dentro y por fuera.

 

Sin límite de edad ni condición física.

La Danza Oriental es apropiada para todas las edades. Cada persona ha de poner su límite físico, y para eso existen clases apropiadas para cada grupo de edad y cada nivel de aprendizaje. Y por supuesto, abandonemos los mitos de que tenemos que estar delgadas para practicar esta danza; todas y cada una de nosotras podemos obtener todos los beneficios que nos aporta esta disciplina.  Y como yo digo siempre a mis alumnas: “¡Fuera complejos y barriguitas al aire!”

Mi último consejo es que seleccionéis bien a la persona que os vaya a dar clase, ya que, como todo, es una moda muy extendida de la que mucha gente ha querido sacar partido. Es importante saber que, como cualquier disciplina deportiva, hay que saber explicar y realizar cada movimiento, para evitar lesiones innecesarias.

La Danza Oriental no sólo es baile, es una disciplina multicultural milenaria. Y cómo a mí me gusta resumirla:

“La danza es la conexión directa con lo místico y lo terrenal, la fusión de ambos”